Cariló es un bosque plantado: cómo cuidarlo y qué es lo verdaderamente nativo
Un bosque plantado sobre médanos, calles de arena y noches sin faroles: lo que hace único a Cariló, qué es lo autóctono de verdad y cuatro cosas simples para cuidarlo.

Caminar por Cariló es caminar bajo pinos, acacias y eucaliptos, y es fácil pensar que siempre estuvieron ahí. No es así: como contamos en la nota sobre cómo se plantó el bosque, todo esto fue un trabajo de décadas, iniciado en 1918, sobre médanos de arena, con árboles traídos de otras partes del país y del mundo. El resultado es un lugar que no se parece a ningún otro de la costa, y justamente por eso vale la pena cuidarlo.
Lo que hace único a Cariló. Primero, el bosque mismo: una forestación sobre médanos que, desde 1998, la Ley provincial 12.099 protege como paisaje, con el objetivo de conservar su integridad. Segundo, las calles: Cariló mantuvo a propósito sus calles de arena y nunca las asfaltó, algo que C5N describe como “una de sus principales marcas identitarias” y que Revista Mercado atribuye a una “firme decisión” sostenida por sus habitantes. Según Divisadero de Cariló S.A., el trazado de 1964 llevó las calles por los bajos para salvar los mejores árboles, y desde el principio las paralelas al mar llevan nombres de aves y las perpendiculares, de plantas, como contamos en nuestra nota sobre la historia del pueblo. Tercero, las casas entre los árboles, sobre parcelas de más de mil metros cuadrados en aquel loteo original. Cuarto, la noche: las calles no tienen iluminación, como señala Revista Mercado y como enumera la ordenanza municipal de 2006 entre los rasgos del Parque Cariló a preservar; de esa noche oscura vamos a hablar pronto en una nota propia. Y quinto, la cercanía: Cariló es, según C5N, uno de los pocos balnearios donde el bosque llega hasta la costa, de modo que bosque, médano y playa conviven en pocos metros.

Ahora, un dato que sorprende: el bosque es plantado, y la naturaleza verdaderamente de acá hay que buscarla en el médano, en el pastizal y en los bajos húmedos entre dunas. El Ministerio de Ambiente bonaerense lo explica en su cuadernillo sobre plantas nativas de la costa, publicado en 2024. En el alto de la playa crece el espartillo (Sporobolus coarctatus), que forma matas aisladas y junta la arena que trae el viento. En las dunas que todavía se mueven aparece el tupe (Panicum racemosum), una gramínea pionera con raíces largas que ayuda a fijar la arena. En los bajos inundables hay totoras, redondita de agua y cortadera, y en las dunas más firmes, el pasto hebra, la brusquilla y la margarita de las dunas (Senecio crassiflorus), de hojas grises y flores amarillas, cuyos frutos comen las aves que se alimentan de semillas. El mismo cuadernillo nombra dos exóticas que invadieron la costa bonaerense: el tamarisco, que consume mucha agua, saliniza el suelo y tiene follaje inflamable, y el lirio amarillo, una ornamental que desplaza a los pajonales nativos.

Cuidar el bosque y cuidar lo nativo no se contradicen: son las dos caras de lo que hace especial a Cariló. Van cuatro cosas concretas que cualquiera puede hacer, vecino o visitante, de cualquier edad, para que siga siendo así.
Uno: sin fuego. Un bosque denso a metros de las casas es lo más lindo de Cariló y también lo más delicado. La Municipalidad de Pinamar, en su página de prevención de incendios forestales, dice que no se hacen fogatas en el bosque, no se tiran colillas, no se usa pirotecnia y no se queman basura ni restos de poda. Pide además llevarse la basura, porque las latas y los vidrios pueden actuar de lupa, y, si vivís cerca del bosque, mantener el entorno de la casa libre de ramas y restos secos. No es una preocupación teórica: el 11 de marzo de 2021, unos 70 bomberos de Pinamar, Villa Gesell y General Madariaga trabajaron en un incendio forestal en una zona de reserva de Cariló, según Infobae. Ante cualquier foco, los números son el 911 y el 100, de bomberos.
Dos: convivir con la fauna. Con los años, este bosque plantado se volvió hogar de zorros, colibríes, cotorras y muchas especies más. Cuando un zorro gris quedó atrapado en un patio de Ostende en septiembre, la Fundación Ecológica Pinamar recordó la regla básica: no ofrecerles agua ni comida, mantener la distancia y no interferir en lo que hacen. Los zorros, explicó, controlan plagas y dispersan semillas. Para la fauna marina que aparece en la playa, la fundación atiende en el +54 9 2254 58-6960. Y hay un dato que vale para quien tiene casa: un estudio de Lucas M. Leveau, de la Universidad de Buenos Aires, publicado en 2023 en la revista Ecología Austral, comparó las aves del bosque implantado y de los barrios de Cariló. Encontró que el avance de la urbanización cambia qué especies viven en el lugar y perjudica a las asociadas a mucha cobertura de árboles y a vegetación herbácea no manejada; el pitiayumí y el chingolo, por ejemplo, fueron más abundantes en el bosque. Dicho en simple: un lote que conserva sus árboles y algún rincón de pastos sin cortar se parece más al bosque que esas aves necesitan que uno impecable de pasto corto.

Tres: mirar qué plantamos y qué sacamos. Las casas entre los árboles son parte de la identidad del lugar, y el jardín de cada una suma o resta. El cuadernillo del Ministerio no es una guía de jardinería: describe qué plantas son nativas de la costa, no cuáles conviene poner en un jardín. Pero sirve como punto de partida para preguntar en el vivero si lo que vamos a comprar es de acá, y para saber qué evitar: el tamarisco y el lirio amarillo figuran entre las invasoras. Antes de sacar un árbol, conviene saber que hace falta permiso: según la Municipalidad, citada por La Nación en febrero de este año, el Código de Edificación exige autorización municipal para talar, y en Cariló se pide reponer tres árboles por cada uno que se corta. Para las ramas, la pinocha y los restos del jardín, los horarios y el Punto Verde están en nuestra nota sobre residuos y poda en Cariló.

Cuatro: dejar tranquilo el médano. Es el borde donde el bosque se encuentra con la playa, y lo que parece un montón de arena con pastos sueltos es, según el Ministerio de Ambiente, un ecosistema dinámico donde esas plantas hacen un trabajo: el espartillo junta la arena y el tupe la fija mientras se mueve. Arrancarlas, pisarlas o abrir caminos nuevos sobre la duna deja la arena a merced del viento. Lo más simple es bajar a la playa por los accesos de siempre y dejar las plantas del médano donde están. En Valeria del Mar, la Eco-Área Médanos tiene senderos y un mirador para ver todo esto de cerca, y la Fundación Ecológica Pinamar ofrece a escuelas e instituciones la charla “Safari por las dunas”, sobre ecosistemas costeros y flora nativa, con reservas hasta octubre por WhatsApp al 2267 404595.

Pocos lugares de la costa pueden decir que tienen un bosque plantado a mano, calles de arena que esquivan los árboles, noches sin faroles y un médano a pasos del pinar. Cariló es una obra humana que con los años se volvió hogar de muchas especies, y el médano estaba antes. Cuidar los dos es, sobre todo, una cuestión de no hacer: no prender fuego, no alimentar, no arrancar, no pisar lo que sostiene la arena.
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