Los pavos reales de Cariló: cuántos son y por qué andan sueltos
Llegaron hace unos treinta años como compañía de un vecino y de una hostería, se reprodujeron en libertad y hoy se pasean por el centro comercial: la historia de unas aves de la India que adoptaron el bosque.

Si caminaste por el centro comercial de Cariló, es muy probable que te hayas cruzado con alguno: un pavo real que cruza la calle sin apuro, se sube a un techo o despliega la cola entre los pinos. No es un escape de último momento ni un animal perdido. Los pavos reales viven sueltos en Cariló desde hace décadas y ya forman parte del paisaje del pueblo.
¿Cuántos son? La respuesta honesta es que nadie los tiene contados. En 2017, una nota de Infobae firmada por Fernando Soriano habló de «más de 50 ejemplares» en el bosque durante todo el año, y de «al menos unos 40» solo alrededor de un hotel, «aunque nadie los tiene bien contados». En mayo de 2026, una nota de la agencia Noticias Argentinas, replicada por Telefe, habló de «una colonia de unos 40 ejemplares que se volvió un ícono del lugar». No encontramos un censo oficial, así que lo más justo es decir que son varias decenas: entre 40 y más de 50, según la fuente.
¿Por qué andan sueltos? Según aquella nota de Infobae, todo empezó con un vecino, Sergio Marquevich, que hace unos treinta años (unos veinte antes de la nota) buscó en los pavos y en otros animales compañía para los largos meses en que Cariló quedaba casi vacío. Al ver sus aves, Norberto Minuto, un médico dueño de una hostería clásica del pueblo, decidió tener los suyos: fue a Sierra de los Padres y trajo diez. Los pavos se adaptaron, se reprodujeron en libertad y sus descendientes son, según la misma nota, los que hoy sorprenden a los turistas «pavoneándose por el centro comercial o en las calles céntricas».
En la práctica, viven como una colonia libre. En 2017, según Infobae, los cuidaban los turistas y los trabajadores de temporada, que les daban de comer, y comían insectos, hierbas, maíz o alimento para perros. Cada pavo se mueve más o menos dentro de unos 300 metros a la redonda de su nido. Uno de los lugares donde se los ve seguido es Cariló Village, frente al centro comercial, en Carpintero y Divisadero: su web oficial invita a ver «pasear a los pavos reales» desde el club house, y La Nación ya los mencionaba como parte de ese complejo en 2009.

El pavo real común (Pavo cristatus) es originario del subcontinente indio y de Sri Lanka, así que en el bosque de Cariló es una especie exótica, igual que los pinos que lo forman. Come casi de todo: semillas, frutos, plantas, insectos y hasta ranas y pequeños reptiles. Solo el macho tiene la cola larga de plumas con «ojos». Las hembras, las pavas, son de color pardo, con el cuello verde tornasolado, y son las que incuban los huevos, entre cuatro y ocho por nidada, durante unos 28 días.
Cuando un macho hace la rueda está cortejando: abre la cola y la hace vibrar frente a las hembras, y el despliegue va acompañado de gritos fuertes. Por eso la primavera es la temporada más ruidosa. Esos gritos dividen opiniones, y en los sitios de viaje hay huéspedes encantados y otros que se quejan de que no los dejan dormir. Un estudio de la Universidad de British Columbia, citado por Infobae, encontró además que el macho a veces emite el sonido de la cópula sin estar apareándose, para llamar la atención de las hembras. Un truco de seductor, bien a lo pavo real.

La vida en libertad también tiene sus riesgos. En 2017, según Infobae, cada primavera nacían varios pichones (ese año fueron ocho), y la mayoría de las bajas eran por atropellos o por perros sueltos. Los chimangos, además, cazan a los más chicos. Por eso, si los ves en la calle, conviene bajar la velocidad y llevar al perro con correa.
¿Y vos? ¿Cuántos pavos reales viste juntos en Cariló? ¿Tenés un rincón donde aparecen siempre, o alguna pava paseando con sus pichones? Contanos en nuestro Instagram, @elfarodecarilo. Con sus respuestas podemos armar entre todos el mapa de la colonia.
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