El Faro de Cariló
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Cariló de noche: un pueblo sin faroles, al ritmo del bosque

Sin alumbrado público ni cables a la vista, la noche de Cariló es oscura y silenciosa: le hace bien a la fauna y deja ver el cielo.

Naturaleza · Publicada el

Un camino de arena entre pinos, bajo el cielo estrellado de Cariló.
Un camino de arena entre pinos, bajo el cielo estrellado de Cariló.Foto: Natt Wj (@no_se_x_que_sera)

Cuando cae el sol, Cariló no se enciende: se apaga. No hay faroles sobre las calles de arena ni postes con cables cruzando entre los pinos. La luz queda en las casas y en los locales del centro, y el resto es del bosque: noche oscura, silencio, y el cielo a la vista.

No es casualidad. Según contó la revista Noticias, cuando en 1964 se trazaron las primeras calles, los fundadores establecieron que el cableado de energía eléctrica y de teléfono debía ir bajo tierra. En 1998, la ley provincial de Paisaje Protegido 12.099 fijó como objetivo "conservar y preservar la integridad del paisaje fitogeográfico, geomorfológico y urbanístico Parque Cariló". Y en 2006, la ordenanza municipal que reglamentó esa ley estableció en su primer artículo la "inexistencia del alumbrado público" y la "inexistencia del cableado aéreo de servicios", y dispuso que en los espacios públicos todas las instalaciones de gas, luz, agua, cloacas, telefonía y televisión se hagan en forma subterránea.

La oscuridad no es solo una cuestión de paisaje. La astrónoma Beatriz García, investigadora del CONICET, explicó en Unidiversidad (UNCuyo) que los insectos se sienten atraídos por la luz artificial, algo que "puede provocar su muerte por extenuación, abrasión o depredación", y que el exceso de iluminación también altera la polinización de algunas plantas. En el caso de las aves, una revisión publicada en 2022 en El Hornero, la revista científica de Aves Argentinas, señala que la luz artificial nocturna puede alterar su ritmo circadiano, sus patrones de migración y movimiento y su comportamiento, e identifica 19 especies de aves de la Argentina afectadas.

El bosque tiene vecinos que viven justamente de noche. El zorro gris, habitual en los pinares de la zona, tiene hábitos crepusculares y nocturnos, según la ficha del Ministerio de Ambiente de la Nación, aunque a veces se lo ve activo de día. Una noche sin luces fuertes es, para él, una noche normal.

La Vía Láctea sobre el mar en una noche sin luna.
La Vía Láctea sobre el mar en una noche sin luna.Foto: Imagen ilustrativa · Foto: Pexels

Y arriba está el cielo. Más de un tercio de la población mundial ya no puede ver la Vía Láctea por la contaminación lumínica, según datos citados por Unidiversidad. En Cariló, en una noche despejada y sin luna, todavía se distingue su franja a simple vista. La Cruz del Sur está siempre: observada desde Buenos Aires (y Cariló está todavía más al sur) no se oculta en ningún momento del año; en otoño se la ve más alta, y en primavera más baja, hacia el sur.

Octubre trae además buenas citas. Según la NASA, la luna nueva es hoy, sábado 10, así que las noches de este fin de semana largo son las más oscuras del mes. Saturno estuvo en oposición el 4 de octubre: sale por el este cerca del atardecer, del lado del mar, y se ve a simple vista como un punto brillante durante buena parte de la noche. Y la lluvia de meteoros de las Oriónidas, restos del cometa Halley, tiene su máximo la noche del miércoles 21 al jueves 22, con alrededor de 20 meteoros por hora según Star Walk. Este año la luna creciente ilumina la primera mitad de la noche y desde el hemisferio sur el radiante queda bajo, así que lo mejor es mirar en las horas previas al amanecer.

Para disfrutar la noche sin romperla, sirven los cinco principios de iluminación exterior responsable que publican DarkSky International y la Illuminating Engineering Society: que la luz sea útil (solo si hace falta), dirigida (hacia donde se necesita, nunca hacia el cielo), de baja intensidad, controlada (con temporizador o sensor, para que no quede prendida toda la noche) y de color cálido. En un jardín de Cariló, eso se traduce en pocas luces, bajas y apuntadas al suelo, y en apagar lo que no se usa.

Para salir a caminar, alcanza con una linterna (o la del celular) apuntada al piso, que muestra el camino sin encandilar a nadie, y alguna prenda clara. Y si se anda en auto, despacio y atentos: en calles de arena sin alumbrado, un peatón, una bicicleta o un zorro aparecen de golpe en el haz de los faros.

Cariló de noche pide eso: bajar el ritmo, apagar un poco, levantar la vista. El bosque y el cielo hacen el resto.

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